21 DE MAYO: RESEÑA HISTÓRICA EN PRIMERA PERSONA

combate

Texto: Revista Mi Gente – Ilustración: Internet 

Hoy domingo 21 de mayo nuevamente se recuerda una de las fechas más importantes para el pueblo de Chile. Hoy conmemoramos los 138 años del Combate Naval de Iquique. Aquel 21 de mayo de 1879 fue el día en que los hombres de la frágil Esmeralda, comandados por Arturo Prat Chacón, dieron su vida por la patria en un combate muy desigual contra la tripulación del poderoso Huáscar.

Como una manera de homenajear en esta fecha especial a los Héroes de Iquique, en Revista Mi Gente les compartimos a continuación el texto íntegro del Parte Oficial del Combate Naval de Iquique, presentado por el Segundo Comandante de la Esmeralda, Teniente 1° Luis Uribe Orrego, al Comandante General de Marina, una verdadera reseña histórica en primera persona de esta gran gesta heroica:

“Iquique, Mayo 29 de 1879

Tengo el honor de poner en conocimiento de US. que el 21 del presente, después de un sangriento combate de cuatro horas con el monitor peruano Huáscar, la Esmeralda fue echada a pique al tercer ataque de espolón del enemigo. El honor de la bandera ha quedado a salvo, pero desgraciadamente tenemos que lamentar la pérdida de tres de sus más valientes defensores: el Capitán Prat, el Teniente Serrano y el guardiamarina Riquelme.

Como a las 7 A.M. del día indicado divisamos dos humos al Norte. Inmediatamente se puso el buque en son de combate. A las ocho se reconoció al Huáscar y poco después a la fragata Independencia. Se hicieron señales a la Covadonga de venir al habla, y el capitán Prat le ordenó tomar poco fondo e interponerse entre la población y los fuegos del enemigo. Al movernos para tomar la misma situación se nos rompieron dos calderos y el buque quedó con un andar de dos o tres millas. A las ocho treinta, la acción se hizo general. El Covadonga se batía con la fragata Independencia, haciendo al mismo tiempo rumbo al Sur y la Esmeralda contestaba los fuegos del Huáscar y se colocaba frente a la población a distancia de 200 metros de la playa.

Desde esta posición batíamos al enemigo; nuestros tiros, que al principio eran inciertos, fueron mejorando, y varias granadas reventaron en la torre y casco del Huáscar sin causarle el más leve daño.

Los tiros de este último, pasaban en su mayor parte por alto y varios fueron a herir a la población.

Nuestra posición era, pues, ventajosa; pero como se nos hiciera fuego desde tierra con cañones de campaña, matándose tres individuos e hiriéndonos otros tantos, el capitán Prat se vio obligado a ponerse fuera de alcance.

En este momento, 10 A.M. una granada del Huáscar penetró por el costado de babor y fue a romper a estribor, cerca de la línea de agua, produciendo un pequeño incendio que fue sofocado a tiempo.

Mientras tanto el Huáscar se había acercado como 600 metros y a esta distancia continuó la acción cerca de una hora sin recibir otra avería que la que dejo indicada. Viendo el Huáscar el poco efecto de sus tiros, puso proa a la Esmeralda y los cañones de su torre, disparados a toca penoles antes y después del choque, hicieron terribles estragos en la marinería.

El capitán Prat, que se encontraba en la toldilla desde el principio del combate, saltó a la proa del Huáscar, dando al mismo tiempo la voz de “al abordaje”. Desgraciadamente el estruendo producido por la batería al hacer fuego sobre el Huáscar, impidió a muchos oír la voz de nuestro valiente comandante; y de los que se encontraban en la toldilla con él, solo el sargento pudo seguirlo, tal fue la ligereza con que se retiró la proa del Huáscar de nuestro costado.

El que suscribe se encontraba en el castillo de proa, y desde ahí tuve el sentimiento de ver al bravo capitán Prat, caer herido de muerte combatiendo al pie mismo de la torre del Huáscar.

Inmediatamente me fui a toldilla y tomé el mando del buque. Mientras tanto nos batíamos casi a boca de jarro, sin que nuestros tiros hicieran el menor efecto. En cambio, las granadas del enemigo hacían terribles estragos; la cubierta y entrepuentes se hallaban sembrados de cadáveres.

Volvió el Huáscar a embestir con su espolón directamente al centro de este buque. Goberné para evitar el choque; pero la Esmeralda andaba tan poco que no fue posible evitarlo, y recibió el segundo espolonazo por el lado de estribor. Esta vez el teniente Serrano, que se encontraba en el castillo, saltó a la proa del Huáscar seguido como de 12 individuos. En la cubierta de este último no se veía ningún enemigo con quien combatir; pero de sus torres y parapetos de popa salía mortífero fuego de fusilería y ametralladoras.

El valeroso teniente Serrano y casi todos los que lo siguieron sucumbieron a los pocos pasos.

La ligereza con que se retiraba de nuestro costado la proa del Huáscar y el poco andar de la Esmeralda para colocarse a su costado, único modo como habría podido pasar todo el mundo a la cubierta del enemigo, hacía imposible todo abordaje. Por este tiempo nuestra tripulación había disminuido enormemente. Teníamos más de cien hombres fuera de combate, la Santa-Bárbara inundada y la máquina había dejado de funcionar. Los pocos cartuchos que quedaban sobre cubierta sirvieron para hacer la última descarga al recibir el tercer ataque de espolón del enemigo.

El guardiamarina don Ernesto Riquelme, que durante toda la acción se portó como un valiente, disparó el último tiro: no se le vio más; se supone fue muerto por una de las últimas granadas del Huáscar.

Pocos momentos después de recibir el tercer espolonazo, se hundió la Esmeralda con todos sus tripulantes y con su pabellón izado al palo de mesana, cumpliendo así los deseos de nuestro malogrado comandante, quien, al principiar la acción dijo:

Muchachos, la contienda es desigual. Nunca se ha arriado nuestra bandera al enemigo; espero, pues, no sea esta la ocasión de hacerlo. Mientras yo esté vivo, esa bandera flameará en su lugar, y aseguro que si muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber.

Los botes del Huáscar recogieron del agua a los sobrevivientes, y en la tarde del mismo día fuimos desembarcados en Iquique en calidad de prisioneros.

Acompaño a US. una relación de la oficialidad y tripulación que ha salvado y que se hallan presos en este puerto.

Dios Guarde a US.                                        

LUIS URIBE

Al señor Comandante General de Marina.”

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