AMISTAD Y LEALTAD, LA CUNA DE NUESTRA SOCIEDAD

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Texto: Pedro Albornoz V. – Fotografía: RIG 

Luego de los diferentes sucesos políticos que han ocurrido durante los últimos días, creo que es importante analizar la desinteresada, y al parecer incomprendida, condición de la amistad y la lealtad, donde la entrega recíproca de la confianza cumple un rol preponderante.

La amistad es el valor que ayuda a la persona a ser sociable, a comunicarse y a perfeccionarse en compañía de sus pares. Es una relación de intercambio. Es un sentimiento de desahogo que nos conduce a ser mejores y desde ese nivel, nos permite reflexionar frente a nuestra forma de actuar. En fin, la amistad es un conjunto de afectos, que nos motivan a entregar y recibir, a comprender al otro – no por pura empatía – sino por el conocimiento de nosotros mismos y de quienes nos confiesan su verdad.

La Lealtad es uno de los más sagrados dones que un ser humano debe profesar para alcanzar la felicidad de una forma integral. La Lealtad para ser creciente debe ser bilateral y solidaria, sin pretensiones de formar monólogos, sin palmadas ciegas o solitarias. Es una fe que se alimenta y crece por voluntades mudas, pero arraigadas en su propio significado…devoción y fidelidad.

La experiencia nos señala que en una sociedad sin valores no hay Lealtad sino intereses en la mayoría de los casos. Es en el ámbito de la política donde se repite este siniestro resultado, manchando a las organizaciones políticas con lamentables divisiones.

El ser humano político que es Leal, es recto, digno e impoluto, es Leal con un liderazgo honesto, fiel y realmente comprometido con los objetivos comunes y no con sus intereses personales de poder ilimitado. Un personero público leal no cede al chantaje. Debe corresponder con la verdad cruda, que abre los ojos ante la ceguera de la prepotencia, que nos obliga a defender lo que creemos y en quienes creemos.

En las organizaciones democráticas se valoran las Lealtades y son la herramienta más importante de su fortaleza y larga vida…, pero esto existe sólo cuando son recíprocas entre los dirigentes y sus bases, entre los líderes y sus colaboradores que le ayudan a alcanzar la cumbre.

La amistad es nuestro hogar y la lealtad son nuestros hijos, quienes según nuestro actuar cotidiano, formarán su modelo para vivir, para integrarse y para aprender a crecer y madurar en una introvertida sociedad.

“DICE UN GRAN GENIO QUE LA LEALTAD Y LA AMISTAD ES COMO DON QUIJOTE Y SANCHO PANZA” Don Jacinto Benavente, escritor y periodista.

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