Automedicación: un mal hábito

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Texto: Revista Mi Gente – Fotografía: RIG

El hábito de automedicarse es un fenómeno de característica universal, que difiere entre un país y otro solamente en algunos grados en cuanto a su incidencia.

En primer término, existe una automedicación considerada positiva llamada automedicación responsable y ocurre cuando el sujeto posee buen conocimiento del mal que le afecta y es capaz de controlarlo sin la atención de un profesional de la salud. Por ejemplo, un diabético bien entrenado puede calcular la dosis de insulina de acuerdo a sus glicemias.

Otra forma de automedicación ocurre cuando el paciente decide suspender o modificar por su cuenta un tratamiento, sin tener el conocimiento necesario ni comunicarlo a su médico. Muchas personas interrumpen sus tratamientos, porque “ya se sienten bien” o porque observaron molestias atribuibles al remedio.

Una conducta muy recurrente consiste en acudir al dependiente de una farmacia y solicitarle un medicamento para una determinada dolencia. Esta práctica puede significar riesgos y más de una vez se han producido desgracias o complicaciones, toda vez que el vendedor dispone de un conocimiento limitado respecto de los productos farmacéuticos y sus acciones.

En Aumento

Los cuadros de gripe y resfrío, propios de cada época invernal, incrementan otra modalidad de automedicación considerada entre las más problemáticas por lo extendido de dicha práctica y los peligros para la salud que acarrea.

Cabe recordar que las infecciones respiratorias virales pueden causar fiebre, dolor de garganta o tos. Por ello, para muchísima gente estos síntomas les hacen suponer la necesidad de tomar un antibiótico, lo que es un grave error de concepto.

Lo anterior es un factor responsable de la cada vez más frecuente resistencia a los antibióticos que experimentan las bacterias. Sin dudas, un problema mundial hoy por hoy, donde también les cabe cierta responsabilidad a algunos médicos que los prescriben sin verdadera justificación. Muy importante es señalar que las infecciones virales respiratorias no son sensibles a los antibióticos y su uso no incide en una mejor evolución, salvo en presencia de una complicación bacteriana del proceso viral. Esto es de baja incidencia.

Otros medicamentos usados a larga mano por el público son los antinflamatorios. Estos fármacos presentan una serie de peligros cuando se usan sin control, algunos bastante serios: Pueden causar gastritis, hemorragia digestiva, elevar la presión arterial, dañar el hígado y provocar reacciones alérgicas. Incluso, se encuentran contraindicados durante el embarazo por su posible daño al feto.

Los descongestionantes son otro grupo de fármacos que incrementan su consumo durante el invierno y entre los principales problemas que provocan se cuentan: Elevan la presión arterial y su uso no debe exceder de una semana.

Otra variante de la automedicación consiste en el consumo de un determinado medicamento, porque “le hizo bien” a fulanito o menganita. Aquí, opera la recomendación sin mayor análisis de un remedio, casi siempre producto de una conversación informal entre dos personas en relación a alguna dolencia.

En suma, existe una automedicación informada, donde el paciente conoce y entiende su enfermedad y sabe el efecto de los medicamentos que utiliza. Existe, también, el fenómeno inverso, donde el paciente ignora el correcto uso de los fármacos y, por lo tanto, queda expuesto a sus efectos adversos o malos resultados en cuanto a la evolución o diagnóstico del mal.

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Este artículo pertenece a : Maipú, Nacional, Opinion, Salud
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