Breve crónica de una gran batalla

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Texto: Revista Mi Gente – Ilustración: Archivo

Curiosamente siendo Maipú tan chileno, su nombre, tal cual lo conocemos, tal vez sea la forma argentina de denominar el patronímico correcto de Maipo. Así figura en diversos partes de los hechos de guerra acaecidos en nuestro terruño. La forma trasandina de llamarnos Maipú posiblemente se origina en la reorganización de nuestras fuerzas al otro lado de los Andes y en la cual tuvieron una destacada y principal actuación oficiales, jefes y numeroso contingente argentino, además de otros pueblos hermanos.

Tras la derrota en Rancagua y el exilio de los patriotas en Argentina, dirigía la Gobernación de Cuyo José de San Martín, americanista dispuesto a apoyar a los movimientos libertarios donde quiera los hubiera en nuestra América. Cuando se hizo cargo del ejército argentino se afanó en formar prontamente un contingente militar que, después de liberar Chile, atacara el centro del poder español situado en Lima, capital del Virreinato del Perú, desde donde se amenazaba a la totalidad de los movimientos independentistas del área.

Pudo al fin San Martín aunar voluntades de los patriotas chilenos y logró así apoyo para su plan. Con gran esfuerzo y sacrificio logran trasponer la Cordillera de los Andes por diferentes puntos y se enfrentan en los terrenos de la Hacienda Chacabuco a las fuerzas realistas logrando su primer triunfo en su avance hacia la capital. Después de tres días, connota-dos vecinos de Santiago ofrecen a San Martín la dirección del país, cargo que respetuosamente rehúsa, lo que originó que en Cabildo Abierto, el 18 de Febrero de 1817 se designe como Director Supremo a Bernardo O´Higgins.

La Batalla

Maipú, esta tierra en que vivimos, es inmensamente grande en la Historia de nuestro país, y junto a Pichincha, Junín, Ayacucho, Boyacá y otras, está inserta en la relación de la sacrificada lucha de los pueblos americanos por su Independencia y se recuerda en Chile a la Batalla de Maipú como la más importante; es también la más sangrienta y considerable por las fuerzas en pugna por esa época. Se calcula que cada bando de Realistas y Patriotas contaba con más de 5.000 hombres.

Desde la madrugada del 4 de abril se veía venir lo duro de la lucha: Fuerzas de Cazadores con el coronel Ramón Freire al mando, y Granaderos con el Comandante José Melian se estuvieron tiroteando toda la noche con Dragones de los realistas que ya ocupaban las casas de la Hacienda Lo Espejo. Avisado de esto, José de San Martín, General de las fuerzas patriotas chileno-argentinas, personalmente y en compañía de otros oficiales, se constituyó en arriesgada avanzada que constató los movimientos del enemigo.

A media mañana el ejército patriota, hasta ese momento in-móvil en sus posiciones, salvó la “tierra de nadie” obligando a los realistas a presentar batalla y detener sus emplazamientos, lo que los desconcertó pues habían llegado a creer que los patriotas permanecerían a la es-pera de la primera arremetida.

Al mediodía la artillería recibió la orden de romper el fuego para obligar a las tropas enemigas, al mando de Osorio, a abandonar sus posiciones. Como ello no se logra se entró al combate frontal. Los realistas cargan sobre el ala izquierda patriota y logran desmembrarla lo que provocó una desordena-da retirada. Aquí debe hacerse notar que los realistas componían también una tropa valiente y profesional de gran experiencia ganada en batalla contra las de Napoleón, a las que en 1808 habían inflingido sonada derrota en Bailén. Ya se está en lo más ardoroso del combate. Es el momento en que la victoria se inclina alternativamente hacia uno u otro bando; el griterío y las descargas, el claro choque de los aceros y el relincho de las bestias se mezclan informes con los ayes de dolor y agonía. Los patriotas se rehacen con el apoyo de la infantería y los realistas ceden ante el empuje de estas voluntades indómitas dejando enormes pérdidas. Con todo, en su retirada se aprecia la veterinaria ganada en tantas batallas. La caballería nuestra acuchilla a su antojo los flancos y retaguardia de los hispanos, pero aún así, su repliegue en orden les permite retomar las casas de Lo Espejo en donde se parapetan.

Los diversos cuerpos de Ejército Patriota con los Infantes y los Cazadores de Co-quimbo pican una y otra vez la retaguardia española. Ya el grito de ¡Victoria! Se hacía oír atronadoramente. A media tarde la batalla está decidida y San Martín firma el Parte correspondiente el que se despacha con prontitud a Santiago. En esos instantes O´Higgins, aún convaleciente de la herida sufrida en Cancha Rayada acudía presto al campo de batalla al frente de un millar de milicianos armados de lanza. Dentro del pandemonium existente logró reconocer dónde funcionaba el Estado Mayor patriota a donde dirigió sus pasos. Encontrándose con San Martín lo abraza emocionado exclaman-do ¡Gloria al salvador de Chile! – a lo que éste, conmovido en lo más hondo, replica “Jamás Chile olvidará a quien aún en su estado se presenta así en este campo de batalla”. Era el 5 de Abril de 1818.

En estos terrenos que a diario tú transitas, vecino de Maipú, parte fundamental de nuestra historia patria fue llevada a cabo por valientes que aquí mismo brindaron su vida y sus desvelos. Además del de San Martín, nombres como el de santiago Bueras “el Huaso”, Juan Gana, José Ortiz, Ramón Recabarren, Las Heras, Alvarado, Freire, De la Plaza, Quintana, Borgoño, López, Rivera…tantos y tantos… miles, son patrimonio de nuestro Maipú. Honrémosles.

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