CARITAS CON PENA: DEPRESIÓN EN ADOLESCENTES

2017-03-27 17 58 36

Texto: Revista Mi Gente – Fotografía: Archivo

Los trastornos del ánimo no son males exclusivos de los estresados y apesadumbrados adultos. Al contrario de lo que podría pensarse, los carreteros y alegres jóvenes, en la que suele llamarse la mejor etapa de la vida, también se deprimen.

De hecho, la prevalencia de la depresión en adolescentes se asimila a la de grupos de mayor edad. Según los especialistas, en el trastorno depresivo mayor la prevalencia es del 1%, no obstante, si incluimos todos los niveles de esta patología, es decir, de las más leves a las más severas, es del 20% según la población general. Es decir, dos de cada diez muchachos manifiestan algún síntoma.

La depresión es una enfermedad en la que se combinan dos factores. El primero es una predisposición biológica que puede depender de antecedentes familiares o bien de traumas que el individuo sufra durante el embarazo, que perfectamente lo pueden hacer vulnerable a la depresión. Entonces, hay quienes nacen con esta propensión genética, la que al asociarse con elementos ambientales – el segundo elemento: duelos o hechos traumáticos, por ejemplo – hacen que aparezca este trastorno. La vulnerabilidad, por lo tanto, es muy variable, depende de cuanta carga orgánica tenga el individuo y de la intensidad de las cosas que le sucedan en la vida.

Los factores de riesgo son los antecedentes familiares directos (hermanos, padres, abuelos, primos y tíos) de cuadros depresivos, bipolares y ansiosos. Además, el que la madre, durante el embarazo, haya padecido trastornos del ánimo, estrés o maltrato son un peligro. Esto porque la mamá, bajo esas circunstancias, produce sustancias que hacen que el sistema nervioso que se está formando en su útero también se deprima. Otros agentes de riesgo son las separaciones tempranas del niño y su progenitora, también hechos traumáticos ocurridos en los primeros cinco años de vida, la intolerancia a la frustración y el no poder cumplir con las expectativas de rendimiento escolar, de ser popular en el colegio o de tener muchos amigos, por ejemplo.

Respecto a los signos de alerta a los que deben estar atentos los padres, lo primero son las señales biológicas como los trastornos del sueño. Les cuesta quedarse dormidos, mantener el sueño o bien despiertan antes de lo que corresponde. Alteraciones del apetito, irritabilidad, baja en el rendimiento escolar, el abandono de hábitos y el aislamiento son también síntomas.

Si una depresión no es tratada, el riesgo es alto. Porque el mayor peligro de un cuadro no tratado es la recurrencia. Si alguien no va al médico, lo más probable es que luego de unos años haga un nuevo episodio aún más severo y resistente al tratamiento.

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