CHILE: UN PAÍS IMITADOR

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Texto: Pedro Albornoz V. – Fotografía: RIG

Los chilenos debemos reconocernos como país imitador por excelencia. Efectivamente somos de muy poca creatividad, falencia que nos lleva por el camino de la copia o imitación de hábitos y costumbres foráneas sin mayor cuestionamiento, conducta facilitada en estos tiempos por el llamado mundo globalizado. Por desgracia, el ciudadano poco ilustrado o con escasa sensibilidad social, opta por imitar preferentemente todo aquello negativo y dañino para la comunidad, antes que lo bueno y provechoso, lo cual pone de manifiesto una debilidad moral y cívica.

Una clara expresión de decadencia y marginalidad observada en nuestra comuna,  son los rayados en cualquier lugar posible de arruinar con pintura, sea muro, monumento,  bus, casa, etc.  La propiedad privada y pública de Maipú se mantiene doblegada  e inerme ante el tropel de rufianes que, imitando conductas marginales de otros países, tiene la comuna devastada con sus rayados. Su único fin sería estampar su impronta mediante el nefasto pintarrajeo o  “graffiti”, si le gusta decirlo un poquito más elegante.

Actualmente, de nada vale desgastarse en mantener una propiedad o un comercio decentemente presentado si al día siguiente estará nuevamente rayado,  malogrando todo intento de arreglo o hermoseamiento. Así lo ha entendido la mayoría de nuestros conciudadanos, resignados al imperio del rufián y sus garabatos.  Nuestra ciudad muestra en la actualidad una fealdad y aspecto decadente que resultan intolerables para quienes aspiramos que Maipú no sea mirado como comuna de marginales. Aprovecho de repetir las palabras de una maipucina avecindada muchos años en Europa, quien hace pocos días me sentenció: “Maipú no es el de antes. Todo es gris, sucio, sin verde, todo rayado, puros picantes.  No, no volvería nunca a vivir aquí”  La opinión de nuestra compatriota es lapidaria para la comuna, pero objetiva y certera.

¿Qué hacen nuestros concejales y nuestra alcaldesa para contener la epidemia del rayado y extenso afeamiento de la ciudad?. Todo esto sin contar otros elementos sobre mal diseño urbano,  los ambulantes dueños de las veredas, carencia de estacionamientos, etc. Hasta el momento la respuesta sería “arréglenselas ustedes”.

La abulia e inoperancia municipal frente a lo expuesto es evidente. Respecto al rayado de muros,  no sería extraña una demanda desde el comercio y  otras organizaciones ante la nula reacción demostrada frente al extenso daño a la propiedad pública y privada y los costos que conlleva su reparación.

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