DERECHOS HUMANOS DE LOS MIGRANTES EN CHILE

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Texto: Revista Mi Gente – Fotografía: Internet

La Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada por la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 1948, señala en su prólogo que hubo un acuerdo unánime de “Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas” en determinar los mínimos éticos que debían regirnos a todos luego de la experiencia con las guerras mundiales. Por lo tanto, el respeto, la promoción y defensa de los Derechos Humanos  requiere – según señala en su artículo 56 – del compromiso de los miembros para tomar las medidas para que sea efectivo su cumplimiento, separada o conjuntamente.

Por lo tanto, la razón es simple: Los DDHH escapan de las fronteras y hay un reconocimiento, al menos formal, de ellos por todos los países y obligaciones que se deben desarrollar. Planteamiento de una manera general y amplia, que ha ido reconociendo especificidades, por ejemplo, identificando el fenómeno de las migraciones. Se calcula que unos 130 millones de personas viven fuera de sus países de origen. Este es un tema que nos hace reconocer la globalización con la cual se han abierto mercados, servicios, transporte de mercancías, pero aún no nos planteamos el movimiento de las personas de un lugar a otro.

Nuestros países latinoamericanos han sido, tradicionalmente, receptores de inmigrantes. Chile tiene actualmente una gran población extranjera residente en el país. Ahora, respecto al dato inverso, de cuántos chilenos emigraron fuera del país, los entendidos en la materia indican que son alrededor de 857.781 personas equivalentes al 6% de la población total chilena. De modo que los movimientos por razones económicas, políticas o sociales no nos pueden dejar indiferentes y no sólo por las cifras, sino por la situación de vulnerabilidad que viven los extranjeros en nuestro país. Por ejemplo, hace algunos años pudimos ver en la prensa la falta de atención a embarazadas inmigrantes en el Hospital San José.

Si es difícil exigir por los mismos nacionales al Estado el respeto y protección de sus derechos humanos a la salud, al trabajo, a la educación y a la integridad psíquica y física; imaginemos lo que puede ser para una persona que se siente extraña de este sistema. A esta situación, hay que agregar el hecho de que nuestro país aún no tiene una política expresa en materia migratoria.

La Asamblea General de Naciones Unidas proclamó en 1990 la Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares. Chile mantiene una deuda en relación al asunto. Por ahora, es importante reconocer la diversidad, pues nos enriquece como sociedad.

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