DESCANSAR LA MENTE Y EL ESPÍRITU

descanso

Texto: Revista Mi Gente – Fotografía: RIG

En tiempos de relajo, la mayoría de los chilenos piensa en escaparse a descansar, algunos por varios días, otros por un largo fin de semana, cada cual dentro de sus posibilidades monetarias y eligiendo paisajes que les provocan añoranzas y sensaciones de desapego al mundanal ruido. Este ejercicio práctico de desapego es lo que a muchas personas las posibilita poder retomar sus actividades con fuerzas y ganas de desarrollar nuevos proyectos. Mucha gracia me causó el otro día cuando un amigo español de visita en Chile, me trataba de explicar cómo era posible que el hombre haya venido desde los principios de la evolución, trabajando poco y disfrutando mucho de la naturaleza, hasta el punto que se trabaja mucho y se disfruta poco de la madre natura. Esa evolución no ha sido positiva para el hombre en muchos aspectos: las guerras, la contaminación, etc. Pero en términos de paz interior ha sido catastrófico. Por ejemplo: ¿Cuándo fue la última vez que estuvo en completo silencio, sin oír nada de nada?, sin el ruido de la radio, la televisión, o tal vez el celular que sonó o que vibró y que en realidad fue parte de su imaginación. ¿Cuándo fue la última vez que anduvo descalzo por el pasto, o que se tiró a ver las nubes pasar, por el puro hecho de no hacer nada?.

Las antiguas civilizaciones y religiones, daban una importancia trascendental a estos tipos de prácticas, que si bien en el mundo moderno se conoce despectivamente como ocio ligado a la improductividad, en estas civilizaciones (creadoras de la filosofía y las leyes) era parte imprescindible del ser humano. Acaso todas las maneras que tiene el hombre deben estar ligadas a una manera de producir, bueno eso se lo podrá decir su jefe, pero en el umbral del espíritu y de nuestras conciencias, el no hacer nada, el quedar mirando el techo por último, no puede ser visto como un ejercicio de desperdicio de tiempo, sino como un lapso en el cual nuestras vidas retoman el sentido del ser. Mucho nos sacrificamos todos los días para tener algunos momentos de paz y de ocio, pero lo importante es que estos ejercicios de sanidad mental también deben ser realizados de manera diaria, como un respeto a nuestro cuerpo, a nuestra mente y al entorno que nos rodea.

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