El culto a la personalidad

Texto: Pedro Albornoz V. – Fotografía: RIG

Es conocido como culto a la personalidad (también culto a la persona) a la adoración y adulación excesiva a un caudillo o líder carismático, especialmente cuando se trata de un jefe de Estado.​

El culto a la personalidad (como concepto influido por Nikita Jrushchov en su discurso del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en el año 1956) es una elevación a dimensiones casi religiosas o sagradas de figuras de líderes carismáticos en la sociedad o la política. En las dictaduras es a menudo una forma de culto a la persona del dictador.

Las características del Culto a la Personalidad son las siguientes:

  • Exagerada devoción de todas las personas con el líder.
  • Exagerada adulación y adoración unipersonal al caudillo mimetizado con la figura del estado al que rige.
  • Hasta cuando el caudillo se enferma, se pretende que enferma el país.
  • Presencia de un «enemigo común» que justifica el rol histórico del líder como una potencia enemiga extranjera, un grupo económico o religioso, o un sistema político contrario al que se profesa.
  • Dicho enemigo común puede ser interno y externo a la vez, trabajando generalmente de forma coordinada contra el régimen y la integridad física del líder.
  • Recepción sin crítica de las expresiones en la opinión pública de la persona admirada.
  • Quién cuestiona al líder suele ser tildado de traidor.
  • Persecución de los críticos de la persona admirada, en parte con amenazas de muerte o a la salud de los críticos; es un tipo de blasfemia moderna castigada con aprehensión y desaparición de los críticos.​
  • Mimetizar la figura del líder con el Estado.
  • Si el líder es amenazado, pues la Patria es amenazada.
  • Si el líder dejase de gobernar, la Patria sería ingobernable.
  • Presencia exagerada de imágenes, fotografías y eslóganes en escuelas, edificios y en los medios.​
  • Designación de empresas, edificios públicos, escuelas, calles, avenidas, plazas, canchas deportivas, ciudades con el nombre del líder o con nombres propios y relevantes dentro de la ideología que este profesa (por ejemplo: Topónimos de Lenin).
  • Utilización de imágenes del líder o símbolos del partido en las carteleras de los proyectos del gobierno o sitios gubernamentales.​
  • Elaboración de relaciones (a menudo absurdas desde un punto de vista crítico) entre el líder y todos los aspectos de la vida.
  • Tendencia a creer la noción de que los problemas que puedan ocurrir de ninguna forma son responsabilidad directa del líder.
  • Tendencia a confusión entre los actos del Estado y los de la fuerza política que la gobierna, colocación de símbolos partidarios o colores elegidos para identificarse políticamente en espacios públicos y en los principales actos de gobierno.

​Según el psicólogo Gustav Bychowski, los rasgos de personalidad de políticos autoritarios están influenciados por factores psicológicos colectivos que favorecen el ascenso de la dictadura.

La obediencia y la sumisión ciegas a una autoridad autodesignada son posibles únicamente cuando el pueblo se siente debilitado por su propio yo y renuncia a la crítica y a la independencia conquistadas previamente. Ese debilitamiento puede manifestarse bajo el influjo de la ansiedad, el temor y la inseguridad. En tales circunstancias, el yo colectivo, jaqueado por su sentimiento de impotencia, regresa a una etapa más infantil y busca ansiosamente ayuda, apoyo y salvación.

Así, el grupo confía en un individuo y lo venera.​

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