El flagelo de la corrupción

corrup

Por Pedro Albornoz, director de Mi Gente

Sabia y explícita es esta palabra de origen latino que en su esencia aúna los conceptos de “podrir” y “romper”. En la administración pública el término implica romper reglas éticas y tornar putrefacta la relación o vínculo entre quien puede ofrecer un servicio y otro que puede realizarlo, sea en forma real o solamente imaginaria, por lo tanto, es necesaria la existencia de un corruptor y otro que acepta ser corrompido, para crear una asociación cuyo fin último consiste en obtener una recompensa en dinero (coima o soborno). Desde luego, la corrupción puede observarse en cualquier actividad humana mientras exista la posibilidad de establecer este vínculo perverso y tan representativo de la pobreza de espíritu y ausencia de valores superiores.

La ciudadanía, de acuerdo a estadísticas oficiales, percibe que en el ámbito municipal es donde se concentra mayoritariamente la corrupción en Chile, lugar donde abundan las malas prácticas y negocios grises, gracias a la disposición de un amplio campo de actividades propias e inherentes a la labor municipal que brindan la oportunidad del ilícito, tales como salud, seguridad, educación, mejora de sitios urbanos, asesorías, actividades sociales, arte y cultura, adquisiciones, campañas municipales, autorización de obras, permisos y patentes comerciales, extracción de basura, etc. Evidentemente hay un abanico de posibilidades reales donde sacar una tajada de dineros municipales o privados y hacerlos llegar directamente al bolsillo de los corruptos.

No solamente se trata de negocios turbios. También alcaldes y concejales suelen viajar por el mundo con cargo al municipio para “adquirir experiencia” en determinada materia, por ejemplo, “aprender fomento turístico en Cancún”. Otra práctica denunciada es el otorgamiento de patentes para vender en ferias libres a familiares o amigos, soborno para aprobar negocios inmobiliarios, coima a inspectores municipales, y podríamos seguir con ejemplos para concluir que la corrupción en Chile es mucho más extendida de lo que señalan los ranking internacionales y esto se explica por el velo de cinismo en que se llevan a cabo los ilícitos, la supuesta “legalidad” con que se adorna el delito y las antiquísimas deficiencias para controlar con eficacia la labor de concejales y alcaldes.

Es urgente que la ciudadanía tenga verdadero acceso al funcionamiento interno de las municipalidades mediante la formulación de nuevas leyes que permitan mostrar con transparencia la labor de alcaldes, concejales y departamentos municipales, porque será la única manera de poder exhibir el desempeño de cada uno de cara a la ciudadanía y ser evaluados en su justa medida. Este anhelo es altamente improbable considerando el vínculo de favores recíprocos que pudiese existir entre los políticos y su clientela edilicia.

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Este artículo pertenece a : Opinion
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