EL MAIPÚ DE AYER Y HOY

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Texto: Revista Mi Gente – Fotografía: Internet 

En este  trozo de memorias,  manifiesto la idiosincrasia no sólo de un  lugar, sino de un pueblo.  Maipú, suelo de libertad y esplendor,  se originó de las primeras parcelaciones  de tierras del siglo XIX. “La  primera ley que establece la parcelación  de tierras fue dictada por don Bernardo  O’Higgins, a propuesta del Senado  Conservador, el 9 de febrero de 1821.  Los campos, a que esta parcelación  se refiere, eran las haciendas de El Bajo  y de Espejo, y el Valle de Lepe – actualmente  Llano de Maipo – legado a  Hospital de San Juan de Dios, a principios  del siglo antes mencionado, por el  opulento vecino don Pedro del Villar”,  cuenta la Historia de Maipú, Raúl Téllez.

De esta forma, atendiéndose a las  formalidades de la Ley, el 16 de febrero  de 1821, el presbítero don José Tomás  Vargas y Arcaya, dirige al Excelentísimo  Señor Supremo Director de la  República, un oficio que da vida al pueblo  de Maipú, ya que al igual que San  Bernardo, dividían las mismas tierras  del Llano, los mismos títulos ya tenían  la intención de hacer de estas parcelaciones,  florecientes ciudades.  Así las cosas, el Presbítero José  Tomás Vargas y Alcaya – en 1821 – pidió  60 manzanas, para levantar un pueblo  junto al templo de la Victoria. De esto  se deduce que nuestra existencia oficial  data de esa fecha.

Avanzando en el tiempo, en el  Diario Oficial – del 26 de septiembre de  1890 – aparece como Subdelegado de  Maipú don Pedro Félix Salas, siendo  éste un dato muy interesante, por cuanto  la Ilustre Municipalidad se fundó el  22 de diciembre de 1891. Su territorio  comprendería las sub delegaciones 9°  Chuchunco; 10° Pajaritos; 11° Las Lomas  y 13° Pudahuel, rurales.  Se puede decir que, a partir de  1891, comenzó una nueva vida para  Maipú; el primer Alcalde don Agustín  Llona Albizú, distinguido vecino, sacudió  el letargo del villorrio, no era fácil,  tenía sus costumbres arraigadas.  Años más tarde, y durante la administración  de don Luis Infante Cerda  – 1900 -, se edificó la Casa Consistorial.

Sin embargo, un hecho digno de  destacar fue el maravilloso desempeño  de don José Luis Infante Larraín quien,  durante treinta y cinco años y más, fue  alcalde de nuestra comuna. Elegido por  el pueblo en numerosos períodos, destacó  como caso inigualable, ejemplo que  en ningún municipio de Chile, América  o Ayuntamiento europeo, se haya dado  un caso semejante.  Los antecedentes que, fueron las  bases para crear ésta gran comuna, en  términos oficiales. En el Maipú de antaño  y hogaño, ya no está el carro de  sangre que recorría el pueblo, desde la  Estación hasta la Parroquia. Macario,  su conductor, murió hace muchos años.  Desaparecieron las carretas; los paseos  a caballo permanecen sólo en el recuerdo.  Se fueron para siempre las señoras  que en calesas, coches americanos o de  trompas que recorrían los senderos, para  hacer vida social o asistir a misa. Las  muchachas de hace medio siglo, están  convertidas en abuelas o quizás más.

Ya no se gusta de la verdadera chicha,  ni del pan amasado, ni de las empanadas  auténticamente chilenas.  Sólo nos queda el centenario pimiento  frondoso y acogedor, al que  nadie da importancia. Familias enteras  desaparecidas, sucediéndose otras que  nos miran con indiferencia.  Se fueron los antiguos agricultores  que ennoblecieron la tierra con su trabajo.  La generosidad de don Fernando  Llona y don Carlos Cuevas Llona, permitió  la educación de miles de niños.  Se fue el Santo prelado, don Rafael Edwards,  quien inculcó el amor a la Virgen  del Carmen y vivió entre nosotros predicándolo,  como también lnesita Riesco  Llona, quien rigiera varias veces los  destinos de la comuna, y cómo no mencionar  a don Carlos Cerda Vargas, cuyo  tema favorito era “comprar ambulancias  para el pueblo”.

El Maipú actual, no es el mismo.  La familia aumenta, ha llegado de  Santiago o de provincias. No nos conocemos  y se nos denomina como “comuna  dormitorio”, debido a que gran parte  de sus habitantes trabaja o estudia en la  capital, o sus alrededores. Sólo los días  festivos, sus calles se ven repletas de  gentes que visitan el Templo Votivo o  que pasean, por los grandes centros comerciales.  Del pueblo de antaño, no queda casi  nada. Es la nueva forma de vida, de ésta  generación que se ha adueñado de todo,  y lo moderniza. Maipú es ya demasiado  distinto. La población crece cada día,  somos más de 600 mil habitantes y tal  vez más.

Ya nadie se conoce, solo nos  topamos en la plaza – que no es tal – en  los malls consumiendo comida rápida,  en supermercados comprando nuestros  víveres rápidamente y adquiriendo productos  envasados.  Qué ironía. Qué dirían nuestros antepasados,  dueños de estas parcelaciones,  que como piedras preciosas – en estado  bruto – se dividieron, para hacerlas más  productivas y generosas. No obstante,  todo tiene un lado amable y, para nosotros,  es que – pese a todo – aún estas tierras  siguen siendo dadivosas y productivas.

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