EL PIMIENTO: UN ÁRBOL CON HISTORIA

pimiento

Texto y Fotografía: Revista Mi Gente

Del centro del Maipú de antaño, no queda casi nada. Las nuevas generaciones poco a poco se apoderan de los espacios y los modernizan, Basta recordar que tenemos aquí entre nosotros, a lo menos dos malls. El ideal sería que el progreso fuera con miras a mejorar el vecindario y mantener los patrimonios culturales e históricos.

Me encantaría que en cada hogar maipucino existieran páginas y más páginas en las que los jóvenes tuvieran la opción de reconocer sus orígenes, su pasado. Lo deseable sería rescatar nuestra memoria y traspasarla a las generaciones futuras.

Sin embargo, en esta columna se ha querido rescatar un árbol lleno de vida propia, un árbol que está ahí a la espera de nosotros. Me refiero al Pimiento, frondoso y enorme, situado en una de las esquinas de la Plaza de Maipú. En ese lugar enlazaba su caballo Don Bernardo O´higgins Riquelme. Si bien los anales de la época no relatan el acto, se puede señalar que el Pimiento tiene más de 200 años y fue mudo testigo de los hechos históricos de 1818. También, consta en el libro “Historia de Maipú” de Raúl Téllez, que allí amarraron sus caballos los primeros alcaldes mientras iban a sesionar en la antigua Casa Consistorial.

Lo fundamental es asegurar que no pierda su esencia, ni que se desmerezcan sus atributos estéticos y naturales. La idea es que se conserve verde y perfecto por muchos, muchos años. En este sentido, gran susto pasamos los maipucinos cuando en el año 2015 vimos algunas de sus ramas taladas, “¡lo van a echar abajo!” pensamos muchos con profunda consternación.

Pero la empresa propietaria del terreno en que se emplaza el árbol – Sociedad de Inversiones Pumay – aclaró en su momento a Revista Mi Gente a través de su gerente, Francisco Orrego, que la única intención del centro comercial fue proteger al Pimiento, explicando que la poda se debió a que sus ramas que sobresalían hacia la vereda estaban muy enfermas y corrían riesgo de desprenderse en cualquier minuto, por lo tanto la razón de la poda fue de protección y precaución.

Orrego nos dijo por aquellos días que al Pimiento incluso se le aplicó una pasta tras el corte para evitar posibles infecciones, asegurando que no lo talarían, que está vivo, con vigor y que reflorecería. Y la verdad es que efectivamente  tiró para arriba refloreciendo. Estos antecedentes nos dan tranquilidad: ¡A nadie se le ocurrirá derribarlo!.

De todos modos, no se tiene certeza absoluta respecto a este punto. Primero, los chilenos solemos arrancar hojas de los árboles casi por juego: el Pimiento no debería ser la excepción a la regla. Segundo, no hay lugar que no esté rayado en Maipú. Desde luego, los vecinos dejaron hace rato de barnizar sus portones de madera o de pintar sus panderetas. Y las señales de tránsito, prácticamente, no se pueden leer. Pienso que el Pimiento se salvará por ser parte de la historia de la comuna.

Me parece que el lugar donde se ubica no es digno de él: Al interior de un local de comida rápida, entre papas fritas y gaseosas de fantasía. Así es la vida…la modernidad captura poco a poco el pasado. Imagino que esto entristecerá a la comunidad. Sin dudas, muchos maipucinos pasaron, pasan y pasarán por su lado. Seguro que muy pocos lo ven, lo aprecian, lo descubren y reconocen. ¡Se están perdiendo una parte fundamental de la historia de la comuna!. En consecuencia, recordarles, que al ir de compras, no olviden admirarlo y recordar todo lo que puede en su silencio contarnos…

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