ESTACIÓN DE FERROCARRILES DE MAIPÚ

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Texto: Revista Mi Gente – Fotografía: Archivo

La Revolución Industrial fue el período histórico donde se registró un proceso de honda transformación en los métodos de producción, comunicación y transporte. Nuestro país no estuvo ajeno a estos cambios a nivel mundial y es así como en el año 1851 comenzó a funcionar el primer ferrocarril chileno y, también, en Sudamérica. Como una medida de capitalización pública se orientó a equipar el país en materias como transportes y educación de calidad. En cuanto a lo primero, además, del primer ferrocarril chileno, el de Caldera a Copiapó que era privado y en uso desde 1851, se construyó el ferrocarril de Valparaíso a Santiago que fue inaugurado en 1862, se formó la base de la Empresa de Ferrocarriles del Estado; se organizó el servicio estatal de Correos y Telégrafos y, se construyeron puentes y caminos.

En el Maipú de 1871, el sistema de locomoción urbano estaba compuesto por carretelas, carretas a caballo y coches particulares. El transporte interno se realizaba en el Carro de Sangre. Los dueños propusieron a la Municipalidad su compra, pero ésta no aceptó. Sin dudas, habría hecho un pésimo negocio, considerando que este carrito se salía a cada rato de la línea y era necesario que los mismos pasajeros ayudaran a colocarlo nuevamente en ella para continuar el paseo. Los rieles estaban tan torcidos, que parecían tornillos y no rieles. Antiguos vecinos cuentan sus vivencias de la época, viajando en el Carro de Sangre todavía vigente en el año 1920 como medio de movilización. Este consistía en un carro que se trasladaba sobre rieles y era tirado por cuatro caballos. Su trayecto era desde lo que se llamó la Estación Maipú (Camino Melipilla con Avenida Pajaritos) y hacia trasbordo desde el tren que iba a Melipilla proveniente de Santiago.

El paradero terminal estaba en la calle Rinconada, treinta metros al poniente de Emiliano Llona. Se ocupaba casi toda la manzana que llega a Chacabuco y San Martín para guardar los carros y resguardar los animales en las pesebreras. En aquel entonces Cinco de Abril tenía doble vía de tierra con un bandejón central con arborización de acacios chilenos. Por ambos costados de lo que debería ser la vereda, pasaban sendos canales de regadío que ocupaban algunas parcelas interiores para sus cosechas agrícolas. Durante la segunda mitad del Siglo XIX, en nuestra capital se desarrollaron varios proyectos de gran valor histórico, ya fuese desde un punto de vista urbanístico y arquitectónico. Entre ellos, podemos destacar la Estación Mapocho y la emblemática Estación Central, ambas parte de la primera línea férrea que se construyó en nuestro país. A mediados del siglo pasado, se inauguró el ferrocarril Santiago – Cartagena que constaba de dos locomotoras con sus respectivos carritos y estaciones de madera, material utilizado a nivel mundial, pero que fue rápidamente reemplazado por el hierro y el vidrio, pues cumplían de mejor manera los requerimientos de este tipo de construcciones. Entre tanto, nuestra comuna crecía inicialmente alrededor de las calles Avenida Pajaritos, Cinco de Abril y Camino a Melipilla. Importantes personeros de la vida pública nacional vivieron y tuvieron sus fundos en el sector de Rinconada, Pajaritos y La Farfana.

El cambio de la actividad agrícola se produjo, lentamente, con la llegada de las industrias en el año 1948. En esos años el gobierno local estaba encabezado por Luis Infante Larraín, quien al dotar de agua potable al sector central de la comuna, a la vez, determinó que en el lado sur del Camino a Melipilla se emplazaran las factorías. Muchas arribaron a Maipú, debido al bajo costo del agua potable. Estas facilidades se unieron a las comerciales que les permitía un fácil acceso al Puerto de San Antonio, tanto por vía terrestre como a través del ferrocarril que hasta el año 1968 fue muy significativo. En el año 1997, el tren comienza a funcionar sólo como trasporte de carga menor. Era el último período de los trenes de pasajero para muchos puntos del país y nuestra comuna no fue la excepción. De la estación ya no queda nada, desaparecio totalmente por la construcción de la via del transantiago, así es el progreso. Los más jóvenes no tuvieron el privilegio de usarlo y ni vivir la aventura de visitar Cartagena, Valparaíso y San Antonio dentro de sus carros repletos de gente, con gallinas y comiendo huevos duros. El tren no se caracterizaba por ser veloz, sin embargo, lograba siempre cautivar con un familiar paisaje. La Estación Maipú era el camino a los sectores costeros o bien el paso obligado de ingreso a esta hermosa comuna.

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