Explosión social: Rabia, descontento y frustración

Texto: Pedro Albornoz V. – Fotografía: RIG

El proceso de madurez de los seres humanos no es más que una larga carrera de obstáculos. A lo largo del desarrollo vital nos encontramos con numerosas barreras que impiden o dificultan la realización de nuestros deseos e impulsos. Recordemos que los niños cada día y casi en cada acto ponen al descubierto su baja tolerancia a la frustración cuando no logran su cometido. Aquí, se encuentra el meollo de las pataletas y rabietas que vivimos a diario en nuestras casas o que vemos en el supermercado con esas madres acongojadas mientras su pequeño (a) tirado (a) en el piso insiste en solicitarle algo que no le puede proporcionar.

Ese enojo, esa impotencia que verifican los infantes es la expresión del incumplimiento de una meta, de un objetivo en el cual han puesto expectativas. Desde luego, todos en el transcurso de este largo camino llamado “vida” llevamos nuestras fantasías al campo de la ensoñación. Así, esperamos que el Gobierno baje los impuestos, que Chile sea un país más equitativo, que las autoridades como se dice en buen chileno: ¡Hagan su pega!

Pero la realidad dista en extremo a lo que concebimos como ideal. Las calles de nuestras ciudades año tras año se inundan en invierno, basta que caigan un par de gotas de lluvia para que la ciudadanía se quede sin energía eléctrica en sus casas, la delincuencia sigue latente y, en lo específico, las demandas del pueblo continúan sin ser escuchadas.

Sin dudas, la frustración es el germen que desencadena el descontento social y en las personas comportamientos agresivos tanto hacia el exterior como hacia el interior, transformando al individuo en un ser antisocial o autodestructivo.

Una persona puede sufrir heridas psíquicas como consecuencia de un acontecimiento o situación que influye de forma negativa en su vida. Por ejemplo, un desengaño amoroso puede hacer que un hombre o una mujer cambie de actitud respecto a las personas del sexo opuesto y evite las relaciones de pareja.

Las imágenes vistas en estos últimos días de las protestas en la Región Metropolitana y que se han extendido incluso a otras ciudades del país, son un fiel reflejo de la frustración que explota, que sale a flote de manera violenta, con rabia. Es la impotencia ciudadana en su máxima expresión, repudiando un sistema que no les garantiza ni igualdad, ni pensiones dignas, ni salud, ni educación de calidad, etc… No es solamente por el alza de $30 pesos en el pasaje de la locomoción colectiva, sino que por casi 30 años de abusos. En cualquier caso, debemos dejar en claro que no respaldamos comportamientos violentos, pero sí intentamos buscar una explicación para ellos.

A menudo llegan hasta nuestra redacción cartas, correos electrónicos y llamados telefónicos de nuestros lectores que nos solicitan ser un canal de expresión a sus problemas. En ciertas ocasiones, con los pocos medios que disponemos les ayudamos, sin embargo, la mayoría de las veces no podemos hacerlo.

La única herramienta que poseemos son las palabras que plasmamos en nuestras publicaciones. De manera pluralista y certera hemos denunciado hechos ajenos a la legalidad y nos hemos transformado en un medio fiscalizador, que va más allá de la noticia.

Al igual que el pueblo de Chile sentimos frustración, puesto que somos testigos de la indolencia e indiferencia de las autoridades. Como sea, nosotros no saldremos a tirar piedras a la calle ni a vociferar consignas por un micrófono, más bien usamos un arma poderosa: Informar a la comunidad, esa es una misión autoimpuesta y no descansaremos en ese afán.

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