LA JUSTA MEDIDA

EdB-1

Texto: Pedro Albornoz V. – Fotografía: RIG 

Cuando concebimos esta revista, y desde que estamos empeñados en sacarla adelante, nos dimos cuenta de que había muchas renuncias que asumir en pro de los objetivos que nos habíamos trazado. Muchas veces hubo que postergar la vida familiar, compromisos con amigos, otras ofertas laborales y a veces hasta las propias necesidades personales. Es un tema difícil y polémico, no siempre bien entendido por quienes están a nuestro alrededor y en el cual se puede contar con el apoyo y “complicidad” de quienes realmente hacen lo que uno: es decir, los propios integrantes del equipo.

Muchas veces, ante situaciones como horarios que se prolongan hasta horas más allá de lo razonable, uno se pregunta si verdaderamente vale la pena seguir en el camino que uno ha elegido. Tal vez no siempre tenemos la lucidez para encontrar la respuesta adecuada, o bien, no hacemos el esfuerzo de ver esa respuesta por razones que hasta pueden escapar a nuestro propio entendimiento.

¿Obstinación, ideales quijotescos, desafíos?. Cualquiera puede ser la respuesta. Lo importante, en realidad, es que seamos suficientemente honestos con nosotros mismos, y por ende con los demás, para asumir el compromiso de una manera responsable y madura. Si perseveramos en continuar con una senda que vemos nos está generando más de algún problema, y aún así seguimos insistiendo en la misma conducta, nuestro deber es preguntarnos cuál es el beneficio real que hay detrás de nuestra empresa, de nuestra labor. Es preciso preguntarse si, en esta balanza que sopesa dos ámbitos tan inviables entre sí, como pueden ser los costos y los beneficios, cuál es el que prima.

Pareciera ser que, en la vida, todo se resume en una ley tan conocida por los empresarios, como es la oferta y la demanda. Hasta las relaciones interpersonales parecieran quedar sujetas a esta clase de principio mercantilista, si se quiere, a través del cual siempre estamos buscando obtener un beneficio al menor costo. Es una ley. Y natural, por lo que se ve, puesta en práctica en cualquier lugar del mundo, sin importar las diferencias culturales, idiomáticas, étnicas y sociales.

Al hacer esta revista, también hay implícitos estos mismos criterios. Muchas veces me he preguntado, en la breve existencia que aún tenemos, hasta qué punto estoy obteniendo beneficios versus costos. Es posible que desde el punto de vista económico no reporte aún las cifras azules que todos quisiéramos, a favor de todos nosotros, claro está. Pero, si el tema se mira desde una perspectiva menos mezquina, tengo la impresión de que estoy lejos de balances en rojo.

Las relaciones interpersonales son, lejos, una fuente constante de crecimiento y perfeccionamiento de nosotros mismos como personas. Convivir con otra persona, por el tiempo que sea – años, meses, semanas, días o hasta minutos – puede convertirse en un pozo de riqueza inagotable, donde el valor agregado no siempre puede medirse con regla y calculadora.

Cada persona es un universo en miniatura. Cada persona nos permite mirar el mundo con ojos que no siempre miran como nosotros lo haríamos. Podemos discrepar de los enfoques, pareciéndonos a veces que el campo visual es muy estrecho o demasiado amplio para la manera en que nosotros ajustaríamos el lente. Pero la gracia de intercambiar estos puntos de vista radica justamente ahí: en ser capaces de asumir esas otras perspectivas de la manera que realmente son: miradas alternativas para un mismo tema. Hablo de perspectivas. Y cada una es tan válida como la otra.

Nuestra revista es eso. Una mirada a la sociedad chilena de principios del siglo XXI, tratando de recoger y reflejar, a su vez, aquellas otras miradas presentes en el quehacer diario. No siempre podemos estar de acuerdo con la forma en que otros miran alrededor. Pero sí podemos, y en eso existe un compromiso fundamental entre quienes hacemos posible la existencia de nuestra revista, de empeñarnos al máximo para dar espacio a esas voces que suelen estar silenciadas entre muchas otras voces más poderosas o mejor direccionadas.

Estamos luchando día a día por lograr aquel objetivo. Tarea para la cual es necesario realizar un esfuerzo importante, por el que todos estamos trabajando desde lo que cada uno sabe hacer mejor. Comprendo que a veces estemos descontentos porque sentimos que hay una descompensación, que las cuentas no cuadran.

Es ahí entonces, y vuelvo al tema central de esta columna, cuando debemos tener serenidad y honestidad para evaluar en qué platillo de la balanza nos encontramos.

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