La moneda sin valor

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-¿Tiene valor real una moneda de 1 peso u otra de 5 pesos? Es evidente que no. En cambio, el Banco Central, o la autoridad pertinente, continúa manteniéndolas en circulación sin ninguna razón valedera. Es más, sé de una persona que logró reunir, hace un tiempo, la cantidad de 11 mil 760 pesos en monedas de dichos valores e intentó canjearlas en el Banco Central y no se las recibieron, argumentando que la única forma de recibirlas era que estuvieren “deterioradas”. 

Por G. Angulo

Debo aclarar que, en cuestiones de numismática y economía, no soy muy entendido y mi práctica y conocimientos en lo señalado no pasan más allá de las incomodidades y daño material que producen las monedas de bajo valor en mis bolsillos. Cuéntase que los primeros tipos de moneda de cambio fueron, en China, el arroz y también pequeños utensilios o dientes de perro, en Papúa-Nueva Guinea; guijarros de cuarzo, en Ghana; fichas de juegos, en Hong Kong; conchas de cauri, en la India; discos metálicos en Tíbet; y discos de piedra caliza, etcétera. Las primeras monedas, discos de oro y plata con una estampación fueron emitidas por los lidios, en Asia Menor, en el siglo VII a. C. Y existen antecedentes de que la redonda “kian”,  moneda china de cobre aparecida en el siglo IV a. C., llegó a mantenerse como moneda oficial durante dos mil años.

En nuestra historia, un dato casi anecdótico es que, en el Chile en tiempos del auge salitrero, a cambio de monedas, se utilizaron fichas de distintos materiales con las que se compraba en los almacenes del lugar (conocidos como pulperías), que eran de los mismos propietarios de los yacimientos o de “palos blancos” relacionados, según los entendidos, con la expoliación de la clase trabajadora, la que, por medio de este sistema, se veía obligada a retornar a sus patrones la casi totalidad del salario escuálido que de ellos mismos percibían.

Toda esta menguada erudición, es sólo para demostrar que la existencia de dinero en monedas, como medio de cambio, ha sido y es extraordinariamente importante dentro de los sistemas político, económico y social del mundo. Pero ello se rige por reglas y, tal vez, la más importante es aquella que, a mi entender, hoy en nuestro país no se respeta: el valor real del dinero queda determinado por su poder adquisitivo. Veamos un ejemplo práctico básico: si con 500 pesos compráramos un kilo de pan, y el kilo implicara diez panes, cada pan nos saldría a razón de 50 pesos la unidad. Ahora, dividamos ese pan en 50 trozos (¡menuda tarea!). Pues bien, con una moneda de 1 peso, de las que inexplicablemente circulan en Chile, compraríamos apenas una pequeñísima parte de dicho pan. Pero, ¿¡quién vende un trocito de pan!?, ¿o dos trocitos?, ¿o diez trocitos? Nadie. Y con toda razón. De todos los productos menudos que hoy se pueden encontrar en el mercado nacional, tal vez el de menor costo,  el más modesto, sea un caramelo. Pero tiene un precio de 10 pesos. Una cajita de fósforos cuesta entre 20 y 100 pesos.

¿Tiene valor real una moneda de 1 peso u otra de 5 pesos? Es evidente que no. En cambio, el Banco Central, o la autoridad pertinente, continúa manteniéndolas en circulación sin ninguna razón valedera. Es más, sé de una persona que logró reunir, hace un tiempo, la cantidad de 11 mil 760 pesos en monedas de dichos valores e intentó canjearlas en el Banco Central y no se las recibieron, argumentando que la única forma de recibirlas era que estuvieren “deterioradas”.

¿Existe un mayor deterioro para una moneda, o para una unidad monetaria, que el que nada se pueda adquirir con ellas?

 Tengo entendido que su curso legal es mantenido contra viento y marea  por las autoridades. Y, por lo tanto, debieran servir para cualquier transacción. Me gustaría ser testigo de lo que le ocurriría a un escolar, tradicionalmente poco apetecido por todo el sistema de locomoción colectiva en nuestro país, si pagara al chofer con 190 monedas de 1 peso.

 Los simples ejemplos anteriores, creo, pueden graficar en algo la tontería de mantener vigentes las monedas menudas indicadas. Lo único que podría explicarlo sería la poca preocupación de quienes intervienen en el acontecer de la masa ciudadana sin darse cuenta de que lo relatado, fuera de ser un problema injusto y desagradable para quien lo sufre, es algo que lo sabe emplear muy bien el comercio como burdo truco publicitario, ya que lo usa profusamente para enfatizar sus “ofertas” y atraer al consumidor poco avezado. En efecto, nada cuesta 100 pesos, sino apenas 99. Y no es lo mismo que algo cueste 10 mil pesos -tantos ceros asustan-  a que cueste en realidad sólo 9 mil 998. ¿Cierto?

Insisto en que el valor real del dinero queda determinado por su poder adquisitivo.

Hoy, ese valor real de las monedas que comento es de tal manera inferior que se encuentran con frecuencia botadas en el piso. Más vale el esfuerzo por recogerlas. Se emplean más como “golillas” para tornillos y pequeñas tuercas o clavos, o para suplir cualquier anomalía en el ajuste de algún elemento. Si alguna vez las donara “por caridad” en la vía pública, a algún mendigo o en una campaña solidaria, de seguro sería mirado con el ceño fruncido por el hipotético beneficiado. Y ni siquiera usted se haría merecedor a la calificación de tacaño.

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