Lustrabotas, un oficio vivo en Maipú

Sencillez, alegría, optimismo y dedicación. Todos estos términos sirven para referirse a José Liberona, lustrabotas y dueño de un módulo ubicado en pleno centro de Maipú. Oficio en peligro de extinción que don José se ha encargado de mantener vivo en la comuna. 

jose liberona 2Avenida Pajaritos con avenida 5 de abril, en plena esquina, justo frente a la pileta, se encuentra José, limpiabotas o lustrabotas, como prefieran llamarlo. Mantiene vigente un oficio que con el tiempo ha ido disminuyendo. Cabe mencionar que antiguamente los lustrabotas ofrecían el servicio adicional de reparación de calzado y sastrería, algo poco común en nuestros tiempos, y que algunas personalidades destacadas en la historia comenzaron su vida ganando el sustento desempeñándose como limpiabotas, incluyendo cantantes y presidentes.

Al igual que ellos, José comenzó en este negocio una vez que su hermano mayor, Luis Liberona, falleciera, decidió seguir con el negocio familiar y dedicar su vida a ese oficio. “Este negocio viene de años. Mi hermano mayor se hacía cargo de este negocio, pero tras sufrir un accidente, fui yo quien se quedó con el lustrín. En el año 1963, yo tenía diez años y el negocio ya estaba funcionando. En ese entonces yo vendía dulces y helados en los puestos municipales. Imagínese que antes aquí en la plaza había un cine, donde veníamos a ver las películas de pistoleros”, recuerda José con nostalgia. Su puesto lo mantiene ordenado para que su clientela se sienta lo más cómoda posible. Tiene sus utensilios alineados y listos para ser ocupados en los zapatos de otra persona.

Abre durante el transcurso de la mañana hasta la tarde, de ese modo, pacientemente, espera por su primer cliente que, por lo general, es siempre la misma gente que acude a su puesto. “La costumbre del lustrín se ha perdido un poco, pero aún quedan clientes antiguos y fieles. Pero me va bien. Me siento cómodo. Me gusta atender a le gente y que se vaya contenta”, confiesa mientras se acerca un cliente para ser atendido. José le pide a la persona que se siente en el espacio disponible para poder realizar su trabajo adecuadamente. Comienza su rito sacando el polvo de los zapatos con un cepillo, lo hace rápido pero meticulosamente, mientras conversa de la vida con la persona que está atendiendo. Luego baña el calzado con un líquido negro, que no se adhiere al cuero del zapato pero que le permite esparcirlo por toda la superficie para protegerlo.

jose liberona 1Posteriormente, utiliza el betún, el cual restriega por todo el zapato para después frotarlo con una escobilla y paño, logrando un brillo impecable. A pesar de que complementa su oficio con otras labores para generar más ingresos, nunca se desanima y no piensa dejar de hacer algo que lo ha realizado durante toda su vida. No se queja de lo que gana, al contrario, admite que lustrar botas y zapatos le permite solventar sus gastos y mantener a su familia. “Mi trabajo me permite sostener a mi familia e hijos. Me gusta mi trabajo y soy feliz haciendo lo que hago. De todos modos realizo trabajos temporales que me permitan obtener un ingreso extra, como por ejemplo cuando le depositaba dinero a mis clientes en el Banco Chile. Iba, realizaba el trámite, les entregaba el comprobante y una semana después, aproximadamente, me pagaban por la diligencia”, sostiene. “Conozco a la clientela y a mucha gente. Me vienen a contar sus problemas. Soy como el Rumpy de la plaza. Yo los escucho y les digo que tengan paciencia, que los problemas se solucionan. Luego vienen una semana después y me dicen que los han solucionado.

Es como una terapia venir para acá. Además, no sólo atiendo a la gente que se quiere lustrar los zapatos, también oriento a las personas que andan perdidas acá en el centro. Lo hago con detalle y calma, para que lleguen a su destino”, sonríe mientras un caballero de edad se acerca para saludarlo y hacerle entrega de los números de un juego de azar que el mismo José escogió. Este maipucino de corazón, se esfuerza día a día por mantener estable su negocio, pero reconoce que un nuevo módulo le sería muy útil para seguir con su labor. “Necesito un módulo bonito. Después de tantos años, sería bueno cambiarlo para trabajar más cómodo. Son muy antiguos estos carros. No sé cómo debo gestionar el trámite para obtener uno. Sé que debo acercarme a la Municipalidad pero no sé si me exigirán algún permiso, patente o quizás que papeles para realizar la gestión”. “Ni mis hijos ni sobrinos están interesados en seguir trabajando en ésto. No sé que vaya a pasar después de que deje de trabajar como lustrabotas. No sé qué pasará con el módulo. Pero de momento tengo la energía para seguir con esto, hasta que Dios decida cuando parar”, explica con cierta congoja al imaginar lo que pueda pasar en el futuro.

(Fotos RIG)

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