MARIA EUGENIA COEYMANS: “ME ENCANTARÍA CONTAR CUENTOS EN TODAS LAS PLAZAS DE MAIPÚ”

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Texto: Revista Mi Gente – Fotografía: Archivo

María Eugenia Coeymans, estudió sociología en la Pontificia Universidad Católica de Chile y ha hecho su carrera como especialista en Comunicación.

Interpersonal en los planos familiar, educacional y laboral. Ha trabajado en Sociología de la Familia y desde 1985 realiza una de las tareas que más la gratifican: escribir literatura infantil.

Su obra entrega una importante contribución al desarrollo afectivo y psicológico de los menores, al fomento de la lectura, a la reflexión sobre los valores de la familia y a la formación integral del niño.

¿Por qué escribe cuentos para niños?, ¿Qué lugar ocupa este trabajo en su vida diaria?

R: Mi pasión y mi trabajo es la comunicación interpersonal. La Literatura Infantil es un hobby que surgió espontáneamente cuando, rodeada de los clásicos cuentos infantiles me di cuenta, pese a que me encantaban, que no eran lo que yo quería entregarle a mis hijos a temprana edad. El cuento regala todo lo que trae y va directo al inconsciente, lo que puede ser bueno y no tan bueno, porque no hay filtro. Decidí entonces crear los míos buscando inspiración en las cosas que me rodeaban, sumergiéndome en un proceso muy entretenido, que involucra periodos muy fértiles, con mucha escritura y periodos de sequedad en los cuales no se me ocurre nada. Me digo a mi misma “hasta aquí llegó la escritora”, y luego, el Espíritu Santo sopla de nuevo y recomienzo con alegría.

Usted dice que contar cuentos es un acto de amor…

R: El transmitirlo con pasión, regalar gratuitamente tu tiempo, crear una atmósfera y un ambiente agradables es, sin duda, un acto de amor que los niños notan y aprecian. Los adultos también se fascinan escuchando cuentos porque hacen que el tiempo se detenga…Por unos minutos, sólo acontece lo que dice el cuento. Se crea un momento mágico de comunión y sentimientos compartidos, muy valioso para la vida. El cuento ha estado presente en toda la historia de la humanidad para entretener, cautivar y encantar, también para transmitir los valores que la cultura aprecia. Para los niños son una tremenda fuente de aprendizaje. Falta retomarlos y reencantarse con ellos. Me encantaría contar cuentos en todas las Plazas de Maipú.

El cuento es el primer acercamiento de los niños a la literatura y una puerta mágica a mundos nuevos…¿Qué debe esperar de esta aventura, qué cosas debiera encontrar y qué cosas no?

R: Esperaría magia, encantamiento. Encontrarse con todo aquello noble y bueno que ayuda a crecer. Si está el mal, que pueda reconocerlo como tal y distinguirlo del bien. Hay muchos cuentos tradicionales bastante dramáticos, sin embargo, siempre predomina el bien sobre el mal. A mi particularmente me gusta más la redención que el castigo.

¿Cómo se puede encantar a los niños con la lectura ante el exceso de estímulos actuales?

R: Leyendo con ellos o junto a ellos. Mostrándoles con el ejemplo, cuán placentero es, e invitándolos a leer creando un ambiente grato para hacerlo. Los niños crecen bajo el alero de la literatura, tienen entretención y formación para toda su vida. La tecnología les ha privado afectivamente de la belleza de pensar, de imaginar y crear sus propios mundos.

¿Qué hay que tener en cuenta al escoger un libro para niños?

R: Que posea belleza literaria y estética, que esté de acuerdo al ciclo evolutivo del niño, que plantee desafíos y lo considere un ser pensante. Los niños no merecen ser tratados como seres inferiores, merecen belleza, verdad y bondad, ser encantados, entretenidos, enaltecidos.

Para usted un cuento no termina en la última página…¿Qué pasa después en la mente y el corazón de un niño y cómo participan los adultos de esta experiencia?

R: Pasan muchas cosas y conversar con ellos sobre los personajes y las situaciones es fantástico para enriquecer la experiencia lectora. Yo introduzco en los libros – en una guía aparte – preguntas de orden cognitivo para que amplíen su conocimiento en forma entretenida, de orden afectivo para que el niño o niña dirija una mirada a su interior y se conecte con su realidad afectiva (¿Qué te pasa a ti ante esto?, ¿Si fueras el personaje del cuento cómo te sentirías?), de orden moral para que disciernan entre el bien y el mal (¿Qué harías en su lugar?), y también de orden espiritual.

Finalmente, María Eugenia Coeymans reflexiona señalando que “la sociedad actual tiende más a separar que a unir a las personas y los momentos de comunicación interpersonal cercanos y cálidos escasean por la premura característica de este milenio. Hacen falta más claves narrativas y comunicacionales que nos conduzcan a una experiencia feliz”.

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