PARQUE PRIMO DE RIVERA: LA HISTORIA DE UN CERRO

CERRO

Texto: Revista Mi Gente – Fotografía: RIG

Joaquín Primo de Rivera Ortiz de Pineda, desempeño un cargo de alta representación y responsabilidad en las tareas españolas en nuestra Patria. Salió de España en 1817, camino del Perú como Segundo Jefe del Regimiento Infante Don Carlos. Fue ascendido a Coronel por el Virrey, Joaquín Pezuela y Sánchez, quien le entregó el mando del Regimiento Burgos.

Su arrogancia, valentía y decisión, le hicieron distinguirse entre todos los oficiales. A los 35 años, Primo de Rivera, ya gozaba del cargo de Jefe del Estado Mayor. Su participación en Quechereguas y Cancha Rayada, habían formado a su alrededor una fama bien ganada que sostuvo con energía en la Batalla de Maipú. Los partes oficiales de la época dicen: “A la izquierda en el Centro de Los Pajaritos, se estableció el Coronel Primo de Rivera con un destacamento formado por la Compañía de Cazadores, de todos los Batallones y cuatro piezas de Artillería”.

Cuenta la historia que José de San Martín y Matorras dio la orden de atacar a las dos divisiones sobre la línea enemiga. Las de Primo de Rivera – ubicadas en el cerrillo de la izquierda – hacían fuego, pero no detenían el avance de los patriotas. Así, la Infantería de Las Heras, se trabó en combate con el español, que formaba la extrema del ala izquierda realista.

La última etapa de esta refriega sangrienta, la cubrieron los Granaderos de San Martín contra los Cazadores de Primo de Rivera, cuyo mando tomó él mismo, en el campo de lucha. Cuando los vencedores quedaron en número aplastante por sobre sus heroicos contendores, los jefes españoles Ordoñez, Morgado, Latorre, Morla, Berroeta, Besa, Bayona, incluído, Primo de Rivera, se rindieron ante Las Heras.

Se sabe que a estos soldados, primero, se les envió a Santiago, donde fueron alojados en la Sala del Consulado. Posteriormente, por orden de San Martín, fueron trasladados a San Luis de la Punta, en la República de Argentina, en calidad de prisioneros de guerra.

Primo de Rivera, tenía en su alma el sentimiento de no haber podido alcanzar el triunfo que esperaba el rey. Con esa idea,  llegó al caserío argentino, donde los caudillos de España pagaban la fidelidad a su bandera.

Durante un tiempo, Primo de Rivera y los otros presidiarios, gozaron de relativa tranquilidad. Sin embargo, el lunes 8 de febrero de 1819, Monteagudo les tendió una trampa. Tanto Morgado, Morla como Ordoñez cayeron postrados a garrotazos, sólo Joaquín Primo de Rivera encontró al alcance de su mano una carabina, que mordió por el cañón y se disparó.

En 1896, según consta en el Diario Oficial, formaban parte de Maipú los terrenos de Rinconada de Lo Espejo (Hijuelas Sur) de propiedad de Alejandro Víal. Aquí, se ubica el Cerro Redondo o Loma de Los Pajaritos, actualmente, conocido como Loma o Cerro Primo de Rivera. Este se sitúa junto al Zanjón de La Aguada, en el paradero 15 de la Avenida Pajaritos.

El monolito, además, del mástil colocados para recordar la hazaña de este español, ostentaba una placa de bronce con la siguiente frase: “A la izquierda del Ejército Realista. Batalla de Maipú, 1818”. Lamentablemente, fue sustraída y jamás ha sido repuesta.

Primo de Rivera, como dice el historiador Fernando Campos Harrier “es una de las figuras más brillantes, noble e infortunadas del Ejército de Osorio”. En estas líneas, se ha querido reivindicar su figura, contándoles parte de su historia y, también, de nuestra historia.

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