PROBIDAD: UNA MIRADA CRÍTICA

editorial

Texto: Pedro Albornoz V. – Fotografía: RIG

La probidad ineludiblemente se relaciona con la práctica de la honradez, la rectitud ante los demás y la integridad en el obrar.

Este concepto, en un sentido general, es una virtud que debería ser llevada adelante por todos los hombres y mujeres de este país.

Evidentemente que si ese fuera el actuar general de las personas, la corrupción no existiría.

En términos simples, probidad significa el bien y corrupción significa el mal.

Sin embargo, toda esta discusión, a ratos demasiado densa y filosófica, pero tremendamente necesaria, ha tomado gran relevancia en los últimos años a raíz de la serie de acusaciones sobre casos de corrupción.

Situaciones que se han descubierto en el aparato público de nuestro país, más que erizarnos la piel y volvernos verdaderos leones tras la presa como ocurría en la antigua Roma, debiera llamarnos a la reflexión.

A la reflexión primero para analizar las cosas en su justa medida: para conocer, indagar e investigar a fondo lo que ocurre antes de lanzar la primera piedra; para lograr distinguir lo claro de lo oscuro, lo limpio de lo sucio, lo serio de lo nimio y lo real de lo falso.

Nada nos torna más ignorantes y, por tanto, peligrosos, que dejarnos llevar por los (en ocasiones) antojadizos titulares de la prensa con declaraciones infundadas, para sencillamente formar parte de una marea de ira, y condena, que muchas veces, más tiene que ver con nuestras propias confusiones y frustraciones que con la realidad exterior.

No se trata de omitir delitos, ni dejar pasar hechos graves que pudieran afectar al país y por lo tanto a cada uno de nosotros. Sólo estamos hablando de meditar con calma antes de disparar a la bandada y, especialmente, de analizarnos nosotros mismos.

Empatizar, o sea, ponerse en el lugar del otro y recordar cuántas veces involuntariamente cometemos errores en el día, en una semana, en el mes…cuántos herimos a quienes más queremos a diario y sin querer. Vale decir, escuchar nuestro interior y dejar de “ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”.

Dios quiera que la justicia y los organismos correspondientes sean capaces de determinar las verdades de los hechos que llaman la atención pública y que quienes tengan culpas las asuman y paguen su daño.

Pero más allá de eso, mucho más allá de lo que está a nuestro alcance, el llamado es a sentarnos a observar la realidad con altura de miras, de forma crítica, sin que las pasiones obnubilen nuestros ojos, ni nos dejen caer en la tentación de juzgar sin saber.

Todo, para que nuestra patria resuelva sus problemas cotidianos con serenidad, con la ayuda de Dios y con la mayor claridad posible con el norte de desterrar los vicios que hieren a Chile, eliminar las manchas, pero sin que paguen justos por pecadores.

Comparte tu opinión:

Comparte tu opinión:

Este artículo pertenece a : Nacional, Noticias, Opinion
© 2017 Mi Gente. All rights reserved. XHTML / CSS Valid.
A %d blogueros les gusta esto: