Texto: Pedro Albornoz V. – Fotografía: RIG

A veces, todo parece basarse en rumores. La otra vez, en la micro – entre apretado y aburrido – escuché una conversación entre dos señoras que, para pasar el tiempo, se acordaron de su antigua junta vecinal.

La más grande le decía, en tono intrigante, a la otra: ¿Escuchaste que Perico de los Palotes se fue de vacaciones, nada menos que a Cuba?. ¡Noooo!. Le respondió la otra, agregando ¿Y quizás, de dónde habrá sacado la plata?… Sí, porque te contaré que dicen que el año antepasado se fue a Punta del Este, y se llevó hasta el perro. El detalle, es que esto pasó justo cuando la libreta de ahorros, del dinero de la junta de vecinos, extrañamente se perdió…, y así, la conversación prosiguió por varias cuadras.

Sin embargo, este hecho – más que por lo hablado – me llamó la atención, sobre la facilidad con la cual las personas creen – o quieren creer – lo que escuchan. En especial, si es algo negativo sobre otra persona. Es tan simple como dejar caer una mirada suspicaz, y una frase aparentemente inocente, para que – sin más – aflore uno de los pasatiempos nacionales: “el copucheo”.

Y así, cada cual le va poniendo un poco de su cosecha a la historia que oyó, la cual va creciendo y, por ejemplo, un viaje a San Sebastián, termina transformándose en vacaciones en Cuba.

En fin, qué se le va a hacer. Sin embargo, hay rumores que sí son ciertos. Entre ellos, podemos contar que “dicen” que la hija de Zamorano es igualita a él, pero con los rasgos de la madre???. O, han escuchado de ciertos directores que – en verdad – no son directores, porque no dirigen a nadie, pero sí reciben sueldos de directores. Esto, aunque no trabajan como tales, porque sus asesores son los verdaderos directores; quienes todos los días encienden velitas, por favor concedido, a ciertos santos políticos milagrosos.

Enredado este trabalenguas, ¿cierto?. Sin embargo, es el último de los rumores que está circulando; y lo puse bien complicado, para que – al menos – cuando lo cuenten, les cueste un poquito.

En fin, son muchas las cosas que se pueden escuchar, algunas de ellas verdaderas, y otras mentiras.

El problema es cuando la realidad y la fantasía se funden, creando un universo paralelo del “nunca jamás”. Esto, porque sin darnos cuenta, comenzamos a creer realmente en los rumores y dejamos de lado todo lo que es cierto. De esta forma, olvidamos buscar la verdad.

Ello, finalmente, provoca que cualquier palabra dulce o mentira contundente, termine cegándonos; permitiendo atisbar sólo lo que otros quieren que veamos, y no lo que sucede efectivamente.

Por eso, les invito amables lectores, a no quedarse con la primera impresión. Les hago un llamado a experimentar el pensar y averiguar por sí mismos, qué sucede a su alrededor. No se alimente de rumores, sino de informaciones fidedignas, de hechos concretos, para que – de una vez por todas – sepa qué está pasando a su alrededor, y vea si se cumplió con las deudas pendientes, compromisos adquiridos o si, simplemente, se gastaron los fondos en la fiesta del barrio.

Y, por último, lo convoco a hacerse cargo por sí mismo, porque – en buenas cuentas – si usted no cuida lo que dice, hace y escucha, ¿quién podrá hacerlo?

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