UN ESTADO DE DERECHO…¿PARA QUIÉN?

EdB-1

Texto: Pedro Albornoz V. – Fotografía: RIG

Hemos escuchado la voz de parlamentarios señalando que debe restablecerse en la Región de la Araucanía el Estado de Derecho, y esto ¿qué significa en una sociedad que se pretende democrática?. En general, hablamos de un Estado de Derecho como aquel que tiene entre sus logros la separación de poderes del Estado, el imperio de la ley y la vigencia de los derechos humanos. Y este aspecto es clave para entender lo que pasa en la Araucanía y, en general, en la relación de Estado, particulares y pueblos indígenas hoy en día. Pero sin entendimiento no es el sentido que se ha manifestado, solicitando que se aumente la dotación de Carabineros ni que por la fuerza, se establezca un “supuesto orden”. Lo que ha pasado, es una permanente y constante violación de los derechos de estos pueblos, en la que hoy lamentablemente seguimos teniendo víctimas fatales. No podemos seguir protegiendo la propiedad por esta vía y por la utilización de leyes especiales como la Ley de Conductas Terroristas, cuya aplicación restringe gravemente los derechos de los imputados. Si hay infracciones a la propiedad a través de incendios, daños, etc…, hay delitos y sanciones para ello, pero no como terroristas si no se atenta contra las personas y su integridad.

No abrimos caminos de acuerdos con armas y por la “fuerza”, como ha sido en concreto hasta ahora, a través de los excesos de las policías y aplicación de leyes especiales, sino que se requiere un diálogo verdadero que pueda concretarse en políticas atingentes a sus necesidades, y desencasillar la problemática de su consideración solamente restringida a la pobreza y a la necesidad de asimilación a la sociedad nacional. No es un problema que se resuelve con una cantidad de hectáreas o subsidios para la producción o proyectos de desarrollo que sean entregados por el gobierno, sino que es un tema de derechos, de autodeterminación de una forma de vida y forma de desarrollo, lo que no quiere decir que sea un grupo “separatista” del país. Es necesario que podamos darnos cuenta que vivimos en una sociedad con diversidad, y que las diferencias nos enriquecen; distintas formas de relacionarse con el territorio, por ejemplo, son un aporte a la consideración que como país sentimos de la tierra y los recursos naturales.

Ahora, para poder plasmar efectivamente un diálogo, como es lo que distintas autoridades nacionales han intentado establecer viajando a las comunidades en el sur del país, tenemos que considerar las faltas de confianza existentes con el sistema nacional y la necesidad de voluntades políticas consecuentes con los acuerdos. Hay procesos de diálogo que se han interrumpido. Es decir, violamos los mismos derechos que nos comprometimos a respetar y defender. Tenemos que ser activos en que nuestras autoridades cumplan los compromisos que adoptan y sancionar sus incumplimientos y faltas de coherencia. No podemos seguir heredando a nuestros hijos una deuda histórica, sino un Estado de Derecho donde los derechos humanos de todos y todas sean efectivamente un pilar fundamental.

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