UNA CASONA PERDIDA EN EL TIEMPO

2017-05-12 13 01 38

Texto: Revista Mi Gente – Fotografía: RIG

La historia guarda su registro a través de distintos formatos y como decía Victor Hugo “la arquitectura es el gran libro de la humanidad”. De esta forma, las construcciones de una ciudad reflejan, en parte, a la sociedad que la habita. El caso de Maipú no es la excepción. En sus calles aún se percibe ese aire campestre que antaño cultivó y sus casas todavía irradian la esencia de quienes las ocuparon.

“¡Uy mira esa casa!”, y “¿Quién habrá vivido ahí?”, son algunas de las expresiones más comunes al referirse a la mansión victoriana ubicada en Camino La Farfana con Avda. Pajaritos. Imponente y de amarillo elegante se erige la morada del otrora Presidente de Chile, durante 1901 y 1906, Germán Riesco Errázuriz y de su familia. Después de pasar por un extenso camino, ahora pavimentado, aparece el portón de fierro forjado que protege la casona de lo que fuera la Quinta de las Rosas. Construida en 1890 por el ingeniero José Luis Coo, la edificación albergó durante décadas la descendencia de los Errázuriz Zañartu. Con dos pisos, una caballeriza, un ascensor, un sótano que bien pareciera exportado de las trincheras alemanas, una amplia habitación principal, más de 10 salones y 8 baños, se entiende por qué fue obra de un ingeniero y no de un arquitecto.

Por otro lado, su patio interior, sus intactos naranjos y limones, su parrón lleno de uvas y todo el jardín que la enmarca engrandecen un poco más la escena. Tarea cumplida para el paisajista que la diseñó. Jorge Dubois, responsable también del Parque Forestal, creó diversos espacios para quienes la residían en ese entonces. Estos, entre otros atributos, fueron esenciales a la hora de atribuirle el título de Patrimonio Cultural Nacional otorgado en 1994.

Hoy la casona forma parte del dominio de Fundación Las Rosas. Accedimos a su interior, llegamos al ascensor que da al segundo piso. Con una linterna, entre telas de araña y escalones llegamos a su punto más alto, desde donde se aprecia una vista indescriptible…simplemente digna de la realeza nacional.

Sin embargo, la belleza antes descrita no hace más que desolar al visitante pues las paredes han sido desgastadas por el tiempo y por el terremoto del 27 de febrero de 2010, las conexiones de luz y agua funcionan a ratos, y la suciedad deja mucho que desear.

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