Una Semana Santa fuera de lo común

Texto: Revista Mi Gente – Fotografía: Internet

La Semana Santa conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, una semana dedicada al recogimiento, la oración, el ayuno y otras manifestaciones religiosas.

La Semana Santa es considerada como la semana mayor de la Iglesia Católica, se inicia con la entrada triunfal de Jesucristo a Jerusalén.

Según los textos bíblicos, el Mesías fue recibido por un gentío que tendía sobre su camino palmas de olivo y mantas. Fue para cumplir una de sus profecías que lo invitaba a celebrar la última Pascua con sus apóstoles .

De allí que los fieles conmemoran este hecho con una misa especial en la cual se bendicen las palmas que luego convierten en cruces para ambientar sus viviendas. Es una de las tantas tradiciones que se practicaban en esta fecha, pero que este año – debido a la pandemia del Coronavirus – han debido suspenderse, reemplazándose por ceremonias transmitidas vía on line a los feligreses.

Con la Semana Santa se concluye la Cuaresma, que es el tiempo de preparación del católico hacia los siete días más importantes para la Iglesia.

Tras el Domingo de Ramos, viene el Triduo Pascual. El Jueves Santo se conmemora la institución del Sacramento de la Eucaristía, también es el Día del Sacerdote; el Viernes Santo se recuerda la crucifixión de Cristo y su posterior muerte en el Calvario y el Sábado Santo o de Gloria tiene lugar la Vigilia Pascual en vísperas del Domingo de Resurrección o Pascua.

En todas las basílicas catedrales, parroquias y capillas era tradición tener un variado programa para recibir a miles de devotos, pero como ya está dicho: esa tradición debió adaptarse a la contingencia de emergencia sanitaria que vive el planeta.

¿Por qué varía la fecha?

A principios del siglo IV había una gran confusión sobre cuándo debía celebrarse la Pascua cristiana o Pascua de Resurrección. Surgieron numerosas tendencias o grupos de practicantes que utilizaban cálculos propios.

Es en el Concilio de Nicea I (en el año 325) cuando se llega a una solución. Para ello se fijaron algunas normas: Que la Pascua se celebre en domingo, que no coincida con la Pascua judía y que los cristianos no celebren la Pascua dos veces en el mismo año.

No obstante, continuaron las diferencias entre la Iglesia de Roma y la Iglesia de Alejandría. Si bien el Concilio de Nicea dio la razón a los alejandrinos, estableciéndose la costumbre de que la fecha de la Pascua se calculaba en Alejandría y luego era comunicaba a Roma.

Finalmente, Dionisio el Exiguo (en el año 525), desde Roma convenció de las bondades del cálculo alejandrino, unificándose al fin el cálculo de la Pascua cristiana.

La Pascua de Resurrección es el domingo inmediatamente posterior a la primera Luna llena tras el equinoccio de primavera, y se debe calcular empleando la Luna llena astronómica. Por ello, puede ocurrir no antes del 22 de marzo ni después del 25 de abril.

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