Crisis de Angustia

Texto: Revista Mi Gente – Fotografía: Internet

Las crisis de angustia son frecuentes y afectan hasta el 11% de la población en un año. La mayoría de las personas se recuperan sin tratamiento y algunos desarrollan un trastorno de angustia.

Los trastornos de pánico afectan al 2% a 3% de la población en un período de 12 meses. Comienzan al final de la adolescencia o al inicio de la edad adulta y afectan a las mujeres con una frecuencia aproximada 2 veces mayor que a los varones.

Un ataque de pánico implica el inicio brusco de miedo intenso. Los síntomas suelen alcanzar el máximo antes de los 10 minutos; luego se disipan en minutos y dejan pocos rastros que el médico pueda observar. Aunque incómodas, o a veces muy incómodas, las crisis de angustia no suponen un peligro médico.

Las crisis de angustia pueden aparecer en cualquier trastorno de ansiedad, habitualmente en situaciones vinculadas con las características centrales del trastorno (por ejemplo: una persona que tiene una fobia a las serpientes puede sentir pánico cuando ve una). Esas crisis de angustia se consideran previsibles. Las crisis de angustia imprevistas son las que ocurren espontáneamente, sin ningún desencadenante aparente.

La mayoría de las personas con un trastorno de angustia lo esperan anticipadamente y se preocupan por la aparición de otra crisis (ansiedad anticipatoria) y evitan los lugares y situaciones en los que han sentido angustia con anterioridad. Las personas con un trastorno de angustia se preocupan porque creen tener alguna enfermedad peligrosa del corazón, pulmón o cerebro y visitan repetidamente a su médico de familia o al servicio de urgencias en busca de ayuda. Por desgracia, en estos casos la atención suele centrarse en los síntomas clínicos generales, y a veces no se establece el diagnóstico correcto.

El trastorno de angustia se diagnostica después de haber descartado los trastornos físicos que pueden simular ansiedad y cuando los síntomas cumplen los criterios diagnósticos estipulados en el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, quinta edición (DSM-5).

Los pacientes deben tener crisis de angustia recurrentes (no se especifica la frecuencia) en las que un ataque es seguido de uno o ambos de los síntomas que se menciona a continuación, durante 1 mes:

+ Preocupación persistente de sufrir crisis de angustia adicionales o preocupación sobre sus consecuencias (por ejemplo: perder el control, volverse loco).

+ Respuesta conductual inadaptada a las crisis de angustia (por ejemplo: evitar actividades corrientes, tales como el ejercicio o situaciones sociales a fin de prevenir nuevas crisis).

Algunas personas se recuperan sin tratamiento, en particular si continúan enfrentándose a las situaciones en las que se han producido las crisis. Para otras, las crisis de pánico siguen un curso creciente y decreciente, en especial cuando no se tratan.

Los pacientes deben saber que el tratamiento los ayuda a controlar los síntomas. Si no se desarrollan conductas de evitación, puede bastar con tranquilizar al paciente, educarlo para controlar la ansiedad y animarlo a quedarse en los lugares en los que han aparecido las crisis de angustia. Sin embargo, es probable que se necesite el tratamiento farmacológico combinado con una psicoterapia más intensiva en un trastorno de larga duración que implique crisis frecuentes y conductas de evitación.

Hay muchos fármacos que pueden prevenir o reducir en gran medida la ansiedad anticipatoria, la evitación fóbica y el número e intensidad de las crisis de angustia:

+ Antidepresivos: las distintas clases–inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), inhibidores de la recaptación de serotonina-noradrenalina (IRSN), moduladores de la serotonina, tricíclicos (ATC) e inhibidores de la monoamina oxidasa(IMAO)–tienen una eficacia similar. Sin embargo, los ISRS y los IRSN ofrecen una ventaja potencial de menos efectos adversos en comparación con otros antidepresivos.

+ Benzodiazepinas: estos ansiolíticos actúan más rápidamente que los antidepresivos, pero tienen más probabilidad de provocar dependencia física y efectos adversos, como somnolencia, ataxia y problemas de memoria. Para algunos pacientes, el uso prolongado de benzodiazepinas es el único tratamiento eficaz.

+ Antidepresivos más benzodiazepinas: a veces, en un inicio estos fármacos se utilizan combinados; la benzodiazepina se suspende lentamente una vez que el antidepresivo empieza a hacer efecto (aunque algunos pacientes responden sólo al tratamiento combinado).

Las crisis de angustia a menudo reaparecen cuando se interrumpe el tratamiento.

(Fuente de Información: www.msdmanuals.com)

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