mié. Jul 1st, 2026

Si uno se mete a explorar el mercado en tiempo real, tratando de cachar el sentimiento de los traders y esas opiniones rápidas que vuelan cuando la bolsa se mueve, te das cuenta al tiro de que la banca global está operando en dos frecuencias distintas. Hoy, la foto del sector financiero nos muestra a instituciones históricas exprimiendo sus modelos globales y, al mismo tiempo, a gigantes que están reescribiendo la forma en que un banco debería funcionar desde sus cimientos.

El peso de la historia y los números de Santander

Hablemos primero de un peso pesado clásico. El Banco Santander, S.A. es una de esas entidades de servicios financieros que lleva haciendo la pega desde hace un buen rato. Fundada el 21 de marzo de 1857 y con su centro de operaciones en Madrid, esta gigante española tiene sus tentáculos bien repartidos. Sus operaciones están segmentadas estratégicamente: cubren Europa, le meten fichas a Norteamérica (agarrando México y Estados Unidos), y tienen una presencia súper fuerte en Sudamérica a través de sus distintas filiales. Además, no se han quedado abajo del tren digital con su segmento Digital Consumer Bank, donde agrupan el negocio de financiación al consumo en Europa, Openbank y ODS.

Si miramos la pizarra, las acciones del Santander (que transan bajo el ticker SAN en bolsas como la BME) andan rondando los 12,034 EUR. Claro, en las últimas 24 horas han tenido una bajada piola de un 0,41% o 0,45%, dependiendo del momento exacto del cruce. Pero si uno se aleja un poco del ruido diario, el panorama es otro. La acción ha rentado un 0,58% en comparación a la semana pasada, en el mes se pegó una subida del 11,89%, y en el último año los números hablan por sí solos: un salto brutal del 71,41%.

Los analistas le siguen teniendo harta fe al papel. Las proyecciones que andan dando vuelta sitúan a la acción con un techo estimado de 13,80 EUR y un piso de 10,50 EUR. Históricamente, el papel tocó su techo el 9 de noviembre de 2007 cuando llegó a los 12,838 EUR, mientras que su época más oscura fue por allá por octubre del 92, cuando se hundió hasta los 1,224 EUR. Santander sigue demostrando que el modelo tradicional, bien ejecutado, sigue generando rentabilidad pura y dura.

JPMorgan Chase y la obsesión por automatizar la pega

Por el otro lado del mapa, los norteamericanos de JPMorgan Chase están en otra sintonía, embarcados en una transformación impulsada por la inteligencia artificial que raya en lo monumental. No estamos hablando de que contrataron a un par de ingenieros para poner chatbots básicos de atención al cliente. Lo que están armando es un ecosistema conectado de procesos inteligentes diseñados para moldear cada detalle de la experiencia del usuario y de las operaciones internas.

La escala de esto es derechamente una locura. Más de 230.000 empleados del banco ya usan su plataforma propietaria, conocida como LLM Suite. La ocupan para redactar informes, automatizar toda la lata del compliance, identificar fraudes al vuelo, analizar los mercados y dar soporte al cliente. Es una movida a nivel organizacional, no un par de pilotos locos que quedaron tirados en un servidor.

Los gringos ya están cosechando los frutos de integrar sistemas agentivos complejos. Tienen, por ejemplo, a COiN para el análisis legal pesado y a CoachAI metido en la gestión de patrimonios. La gente dentro del banco reporta mejoras de eficiencia del 30% al 40%. Para el banco, esto se traduce en un ahorro anual estimado de 2.000 millones de dólares, que no son pocas lucas. Esta visión sistémica es justamente lo que los ha mantenido liderando el índice de madurez de Evident AI por cuatro años seguidos.

Obviamente, cuando metes este nivel de tecnología, el fantasma de los despidos empieza a asustar. Pero en JPMorgan no se hacen los lesos con el tema del desplazamiento laboral. En vez de simplemente cortar cabezas, están implementando programas de reconversión y reubicación de manera proactiva para retener el talento. El foco estratégico de ellos no es echar gente, sino optimizar los flujos de trabajo a través de una infraestructura hiperconectada.

Viendo cómo se mueven estos dos frentes, queda una ventana abierta sobre hacia dónde va la plata en la próxima década. Algunos seguirán apostando por la robustez de los imperios diversificados tradicionales, mientras que otros ya están transando en un mundo donde el algoritmo prácticamente corre el banco por su cuenta.